Diabolus
Por: Andrea Carolina Gil Vinasco
La historia de la humanidad ha estado enmarcada dentro del bien y el mal desde tiempos remotos; esta limitada visión del mundo, ha sido una de las principales causantes de los conflictos que se han presentado. Tal es el caso de las Cruzadas, las cuales fueron unos enfrentamientos del ejército cristiano contra los musulmanes y otros pueblos con el fin de controlar la Tierra Santa, acontecimiento que en nombre de la fe se ha extendido hasta nuestros tiempos bajo otras denominaciones, pero que no dejan de ser un conflicto ideológico y religioso donde los protagonistas usan términos descalificadores para “satanizar” al oponente.
Este conflicto ideológico es un claro ejemplo de que las guerras se forman en repetidas ocasiones por las diferencias culturales, raciales y/o religiosas, sin dejar de lado los intereses político-económicos. Aunque el bien no podría distinguirse sin la presencia del mal, vemos como este último se ha representado en diversas figuras como el Diablo, que para Enrique Maza autor del libro El Diablo, orígenes de un mito, no es más que “una personificación del mal, originado en una decisión del hombre que cuando no quiere hacerse responsable inventa otros responsables para no tener que mirarse en el espejo de sí mismo”.
¿Hasta que punto se nos está permitido el uso de máscaras para evadir consecuencias de nuestros actos? El ser humano ha estado supeditado a la necesidad de encontrar entes superiores para justificar muchas de sus acciones; el imaginario colectivo ha estado sujeto a la divinización o satanización de los acontecimientos históricos. Ineludiblemente habrá una postura y su contraparte acerca de cualquier situación, precisamente en eso radica la diversidad y la libertad de pensamiento.
Procuraduría: control y vigilancia
La Procuraduría General de la Nación, es el ente que representa a los ciudadanos ante el Estado y su obligación es velar que los servidores públicos ejerzan correctamente sus funciones. En este orden de ideas, todo lo concerniente al ámbito público y que afecte los intereses del colectivo, es el principal interés de esta entidad en cabeza de Alejandro Ordoñez Maldonado.
Ahora, el dilema que se genera es la incompetencia de los organismos públicos y la cantidad de denuncias que se acumulan cada día por casos de corrupción malos manejos, aunque es importante aclarar que esto no es una novedad en el país.
Está claro que para que en Colombia las cosas marchen como se suponen que deben ser, no sólo los entes públicos, sino también privados y personas naturales deben sentir la “presión” de un ojo vigilante que les esté indicando como actuar y proceder frente a cualquier situación.
Es increíble que esto suceda, puesto que en una sociedad organizada e igual ante la ley, debería actuar conforme a esta, teniendo en cuenta que la corrupción y la incursión en cualquier otro delito afecta al bien público; esto demuestra la falta de autonomía de cada uno de nosotros como ciudadano para proceder de manera correcta no tanto por el miedo al señalamiento y las consecuencias jurídicas o legales, sino también por afectar al colectivo al cual pertenecemos.
Balance de gestión
No se desconoce que los dos periodos presidenciales de Álvaro Uribe Vélez (2002 a 2006, 2006 a 2010), apuntaron a un reconocimiento del Estado como eje fundamental a la solución de la problemática interna del país, por lo menos en cuanto al conflicto armado se refiere.
Para muchos este gobierno puede ser calificado de ultraderecha por la vulneración de las instituciones (tal es el caso del enfrentamiento con las Cortes) y porque además se hizo notoria la importancia de los resultados más que de los procesos; además, el sentimiento nacionalista se hizo perceptible por la manera en como, el ahora ex presidente, se mostraba cercano al pueblo y bastante lejos de las élites, reflejado en su discurso emotivo y coloquial, llegando incluso a ser populista. Sin embargo, era contradictorio el marcado interés por la firma de tratados de libre comercio y la entrada a bases militares de Estados Unidos, lo cual suponía debilitamiento de las políticas propias del Estado-nación.
En este orden de ideas, se podría afirmar que con el gobierno de Uribe, se revivieron las épocas del caudillismo; el carisma y el gran porcentaje de favorabilidad de su imagen hacen que se presente como el líder infalible que tanto anhelaba un país azotado por el conflicto armado desde hace 50 años. Si bien se reconoce su lucha de frente y sin descanso contra las guerrillas, también se debe asumir que en estos ocho años aspectos como la corrupción, los Derechos Humanos, educación y salud estuvieron descuidados y ahora aunque se puede viajar con más tranquilidad por las carreteras del país, la crisis social es profunda y necesita de atención urgente.
Ahora, el ideal para el nuevo gobierno es que no baje la guardia frente a la seguridad, pero que aspectos básicos como la educación, la salud y los Derechos Humanos sean prioridad, ya que es desde esta base que se construye una sociedad diferente y se cambia el país, no de manera coyuntural, sino de fondo y sostenible.
Ser gay: opción no limitación
En un país cuya Constitución promulga ser una Nación que “asegura a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”, parece que estos ideales quedan en el papel.
Ser homosexual, se ha convertido en un motivo de discordia y de discusiones sin sentido, puesto que se supone que todos somos iguales ante la ley y no habría por qué discriminar a personas con ese tipo de tendencias, ni tampoco sacar leyes exclusivas para ellos. Esta condición sexual no “le quita ni le pone” nada a nadie, simplemente es un gusto como quien es rockero, electro, o salsero.
A pesar de que se diga que Colombia es un país con libertad de culto, es indiscutible como a través del tiempo, la religión (en especial la católica), ha sido un sector con mucha influencia en el Estado lo que demuestra esa falta de independencia de este frente a los dogmas de la fe.
Si bien es un tema que necesita discusión en las altas esferas del poder, tener la mirada puesta exclusivamente en este tema y promover leyes que les den garantías diferentes a las contempladas para todos los nacionales, también sería una manera de discriminación. No se es malo o bueno por ser gay, simplemente diferente; aunque cabe reconocer que frente a otros países en vía de desarrollo, en Colombia por ejemplo no se prohíbe realizar actos homosexuales y se permite el ingreso de personas con dicha tendencia a las Fuerzas Armadas.
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